Al atravesar los montones de basura que se resaltaban en el panorama de Quezon City, Filipinas, lo que sorprendió a Carol Wander no fue el vertedero mismo, sino la ráfaga de actividad que ella presenció. Las figuras distantes eran personas que navegaban el paisaje peligroso mientras hurgaban en la pila de desechos en busca de algo que podrían vender para sobrevivir.
Eso fue hace 30 años cuando Carol formaba parte de un programa de intercambio estudiantil con el Club Rotario. Y el pasar del tiempo no ha logrado disminuir el impacto de esa experiencia. “Vi, en persona, lo que es la pobreza extrema”, confirma ella. “Tuvo un impacto profundo en mí”.
En aquel tiempo, Carol era estudiante y no tenía suficiente dinero para ayudar a los demás. Pero en su mente ella había tramado un plan.
Un regalo para uno mismo
Tras obtener su título universitario, Carol recibió una beca para estudiar francés. Si la idea de su propia carta en cadena nació en las Filipinas, las palabras comenzaron a tejer un tapiz de compasión durante su residencia en Paris.
“Qué regalo tan grande”, admite ella humildemente sobre su beca. “Simplemente no había forma para yo agradecerles por la ayuda que recibí”.
Carol tenía certeza de una cosa: la persona responsable por ella haber recibido la beca habría querido que ella continuara el favor de alguna manera u otra. “Yo quería hacer algo como una carta en cadena, un favor en cadena, para que este proceso continúe”.
Y ella lo ha hecho.
“El apadrinamiento es mi manera de decir gracias”, dice Carol, “al ayudar a alguien a quien no conozco y que vive al otro lado del mundo con las oportunidades del apadrinamiento. Y se siente maravilloso, como si fuera lo correcto de hacer”.
Durante años, Carol apadrinó a Sandy, una niña en Guatemala quien recientemente se graduó del programa. El apoyo a largo plazo fue un regalo con muchos resultados felices – para todos. “Al ver a alguien crecer, uno desarrolla una conexión con esa persona. Es bueno que mis hijos vean eso, que estén conectados con alguien diferente, alguien que no es parte de su familia cercana. Asimismo, cuando se empieza a cuidar de alguien, uno comienza a querer a esa persona”.
Ahora Carol está ayudando a Justin, un niño de 12 años en Lusaka, Zambia, quien tiene la dicha de contar con la ayuda de una madrina tan comprometida. Además de su apoyo de apadrinamiento, Carol envía contribuciones regulares para asegurarse de que Justin puede continuar su educación sin importar los obstáculos que su familia pueda enfrentar. |
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| La "carta en cadena de amor" está conectando a Justin con su madrina y con más oportunidades. |
Carol cree que la educación es la parte más importante del apadrinamiento porque permite que los niños pobres tengan mayores oportunidades. “Quiero que la gente sepa lo poco que cuesta. Al apadrinar a un niño, ellos pueden ir a la escuela, los mantiene fuera de la calle, les da útiles escolares, uniformes y ayuda con el transporte. ¡Qué cambio tan grande!”
La prueba de esto se encuentra en las fotos y las cartas que ella recibe a cambio. “Es bonito ver el impacto”, dice ella, “uno puede ver que les está yendo mejor, que el apadrinamiento ha mejorado su calidad de vida”. Además, agrega ella con relación a las cartas de Justin, “él siempre nos desea buena salud y felicidad. También le deseo lo mismo para su familia”.
De alguna manera, por pequeña que sea, dice Carol con humildad, ella espera que los demás lean sobre lo que está haciendo y que decidan convertirse en padrinos. “Lo que encuentro con Children International es que de verás estoy teniendo un impacto en la vida de una persona. Quiero que otros vean esto y quieran contribuir. Eso sería fenomenal para ayudar a que el favor siga en cadena”.
Gracias a las personas como Carol, la carta de amor en cadena sigue siendo enviada...y recibida.
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