Conocí a mi prima lejana, Laura Lane, unos tres cortos meses antes de que ella falleciera. Ella se comunicó con Children International cuando vio mi nombre en una edición de nuestra revista Jornadas, y preguntó si yo era el mismo Damon Guinn que era nieto de su tío. Pues sí, lo soy.
Como si fuera cosa del destino, yo me encontraba visitando a mi abuelo – el tío de Laura – en aquel momento en Nashville, Tennessee. Durante mi estadía, mi abuelo sufrió una terrible caída y tuvo que ser hospitalizado. Entre visitas al hospital, mientras revisaba mi correo electrónico del trabajo, vi el mensaje de Laura.
La carta me llegó totalmente de sorpresa. Nunca había conocido a Laura en persona. De hecho, ella era toda una desconocida. Laura, quien era contemporánea de mi padre, pasó la mayor parte de su vida en Ohio, mientras que yo crecí en Arkansas décadas después. Aparte de mi familia, realmente no teníamos nada en común. Es decir, hasta ahora. Ahora teníamos el apadrinamiento.
Sentado en el hospital, le conté a mi abuelo sobre la carta sorprendente de Laura. El mencionar su nombre produjo tiernos recuerdos para él, aun mientras relataba sobre algunas de las dificultades que Laura había vivido. Ella sufría de insuficiencia renal crónica, condición que fue complicada por un transplante fallido y una disminución drástica en su calidad de vida general.
Drenada de energía y recursos económicos, Laura eventualmente se vio obligada a subsistir con una pensión para discapacitados – a pesar de que era contrario a su instinto como enfermera. El cuidar de los demás siempre había sido su prioridad, y le debió haber dolido no poder desempeñar un hábito tan intrínseco. Quizás eso fue lo que motivó a Laura a apadrinar un niño en los Estados Unidos a través de Children International.
En nuestra correspondencia electrónica, ella me dijo que su madre, su padre y su hermana siempre habían apadrinado un niño por medio de otra organización como parte del diezmo de su iglesia. Cuando ella decidió apadrinar un niño por su propia cuenta, ella inesperadamente descubrió nuestro sitio de Internet. “Estoy muy contenta con mi niño, y tú fuiste algo adicional”, escribió ella sobre la inesperada conexión.
Le quise preguntar sobre el apadrinamiento y lo que ella opinaba del programa – inclusive escribir un artículo sobre su apadrinamiento. Pero Laura falleció antes de que yo tuviera la oportunidad de platicar con ella, justo algunos meses después de haberse comunicado conmigo. Nuestro breve encuentro resultó ser un acontecimiento triste y fortuito.
Cruzando caminos
Al reflexionar sobre esta experiencia, aún me sorprende el hecho de que conocí una pariente por medio del apadrinamiento. La intersección de nuestros caminos sugiere lo muy interconectados que todos estamos y cuán importante es mantenerse en contacto y darse ánimo el uno al otro.
Hay muchas personas en Kansas City, cuidad sede de Children International, que nunca han escuchado de nosotros, que pasan manejando por nuestras oficinas y nunca preguntan sobre la labor que hacemos. Y luego hay individuos como Laura, quienes adoptan el apadrinamiento como una cuestión de fe y terminan fortaleciendo sus lazos familiares y sus vínculos con la humanidad.
Al encontrarnos con otras personas que comparten un mismo propósito, y luego al compartir nuestra buena voluntad colectiva, no sólo generamos una mejor comprensión de las personas a quienes buscamos apoyar, sino que también aprendemos lo que significa preocuparse por los demás y cómo hacerlo hasta cuando más no podamos.
Laura, si andas por ahí...gracias. Gracias por extenderme tu mano y recordarme lo que significa dar hasta más no poder.
¿Le gustó esta historia?
Enviar a un amigo | Hacer enlace a nosotros
|